Volví a entrar al portón de ese condominio que sabía, no iba a volver a visitar, una pequeña niña de cabello corto y sonrisa inocente se levanto del suelo, dejando sus muñecas y corrió a abrazarme, Anita.
- ¡SAM! - gritó emocionada.
- Hola princesa - la saludé.
Pensar que no volveré a ver a esa pequeña niña...
- ¿por qué no habías venido?
- es que...
No podía decirle...
- estaba ocupada con la escuela, princesa. - le sonreí, no podía decirle que venderíamos esa casa.
- te extrañé.
- yo a ti... ¿qué has hecho?
- me acorde de ti, vi "el fantasma de la ópera" ayer con mamá, recuerdo que te gustaba.
- si, me gusta mucho, tenía como 4 años cuando mi papá me contó la historia.
- pero dices que te gusta mas la muda, ¿no?
- es más artística, aunque claro que la versión nueva me gusta.
Volví a sonreirle, esa niña irradiaba inocencia y alegría, me alegraba.
- siéntate, ¿quieres jugar a las muñecas?
-... emm... de acuerdo.
- no quieres, lo veo en tu cara de "auch".
- no, para serte sincera no.
- entonces cuéntame un cuento... ¿lo harás?
- claro que lo haré...
Comencé a improvisar una historia en mi mente, un dibujo de Tarah Mcperson me llegó, era una chica sin corazón, la miré unos minutos y comencé a relatar.
- Había una vez un país donde los habitantes no tenían corazón, en vez de corazón, tenían un espacio en el pecho con la forma de uno.
- ¿por qué?
- porque no sabían amar, no sabían querer, ni siquiera a sus papás, ni siquiera a sus amigos, ninguno tenía corazón.
- que triste.
- Un día llegó un chico de otro país preguntando por una tal Ana, todos se sorprendieron al ver que en vez de un vacío en el pecho, el muchacho tenía una especie de popote en el pecho, de forma horizontal, que sostenia un corazón de plomo.
- ¿de forma horizontal?
Le sonreí y marqué una linea horizontal en el centro de su pecho con mi dedo.
- así, el popote era de un material muy resistente que aguantaba el plomo de su corazón, de sus sentimientos. La tal Ana salió sorprendida, contemplando ese objeto, su corazón, el chico entonces confesó que la había estado observando durante un tiempo y que estaba totalmente enamorado de ella, no podía olvidarla, que ese pequeño corazón era tan pesado por los sentimientos que tenía hacia ella.
- que lindo.
- Al principio Ana no se lo creía, pero decidió conocer un poco mas al extraño chico con un corazón, y cuando se dió cuenta, estaba enamorada de él, y en su pecho ya habia tambien un pequeño corazón, al principio fué de papel, luego se volvio metal, luego plata, y así hasta volverse tan pesado como el de su... novio.
Se me complicaba buscar términos que Ana pudiera entender fácilmente, ella me veía fascinada.
- El problema empezó cuando los demas pobladores sintieron celos, ¿por qué ellos no tenían corazón y esos dos si? ¿qué pasaba?, no podía ser así, y de nuevo, mostrando que jamás tendrían la capacidad de amar, planearon como hacer que esos dos desaparecieran, sabían que si les disparaban, para asegurar su muerte, tendría que ser en el corazón, porque sus mentes ya estaba en las nubes, el efecto del amor, pero una bala no atraviesa el plomo.
- que malos.
- así que un día, cuando Ana y aquél misterioso chico llamado...
Ana se sonrojó y me susurró un nombre al oído.
-... Manuel...
- aquél misterioso chico llamado Manuel estaban en una cita al borde del acantilado, los rodearon y fingiendo querer ayudarles a alistar la comida, los empujaron hacia el mar.
- ¿sabían nadar?
- claro que sabían nadar, lo intentaron, pero había algo demasiado pesado en sus pechos, algo que les impedía salir.
- su corazón.
- exacto. Ambos trataron de salir desesperadamente, nadaban, empujaban al otro para intentar que al menos ese otro se salvara, pero comprendieron que la única forma de salir a la superficie era que se quedaran sin corazón, y así fué como, llorando, Manuel besó a Ana y le arrancó el pesado corazón de plomo, acto seguido, Ana flotó hasta la superficie, aunque esta vez trataba de no hacerlo, trataba de quedarse con Manuel.
Voltee a ver a Ana, tenía gesto de dolor y ojos llorosos...
Creo que... ese final no es apto para niños...
- ¿Y luego qué paso? - preguntó intrigada, con voz triste.
... Ya ni modo... quedará igual de traumada que yo XD
- Cuando Ana salió a la superficie, los demás sonrieron maliciosos, ya nadie tenía corazón ahi, y Ana jamás volveria a crear uno, el único que llegó a amar estaba muriendo en el fondo del océano, se había quedado con su corazón.
-... que malos... ¿por qué lo hicieron?
-... el humano es asi, princesa.
- pero... no...
-...no vayas a llorar por favor.
- ¿tu hiciste ese cuento?
- si... mas bien fue improvisación.
- ¿por qué ése final?
-... no lo sé... no soy fan de los finales felices...
-... si tu hubieras hecho el fantasma de la ópera... hubieras dejado que Christine se quedara con el fantasma, ¿no?
-... esa es mi visión de un final feliz...
- pero...
-... me agrada mas el fantasma, él solo buscaba amor, él solo quería compañía, todos veían al hombre enmascarado que provocaba terror, pero habia un mar de dolor bajo la máscara, en cambio el otro chico sólo tenía una cara bonita y puta alegría...
- pero Christine no hubiera sido feliz.
- a Christine ya le había tocado ser feliz, ¿no?, al pobre fantasma... jamás...
Sentí un pequeño abrazo, era Anita, me abrazaba, llorando...
Nota: No hacer cuentos para niños jamás...
- pero tu no eres como el fantasma, tu me tienes a mi, tienes a muchas personas, tu vas a tener tu final feliz.
Le sonreí con un nudo en la garganta, sólo sabía que tenía un final, no sabía si era feliz.
-... Anita... vamos por un helado, ya no llores.
- Cuentame otro cuento...
-...No...